¿Qué es cierto y qué es falso en cuanto al colesterol y su asociación con enfermedades cardíacas? 

Por: Luceily Then

En 2010, el Comité Asesor de Guías Alimentarias de Estados Unidos indicó un consumo de colesterol dietético de no más de 300 mg por día para adultos, basado en las recomendaciones desactualizadas hechas en los años 60’s; época en la cual existía evidencia muy vaga sobre el tema, mayoría hecha en ratas que se sometieron a un consumo de colesterol dietético muy por encima del promedio de un adulto sano; y que para ese momento sus resultados no habían sido extrapolados al ser humano, y mucho menos referencia para prescribir una dosis de consumo de colesterol que se consideraría “arbitraria”, fruto de las pocas evidencias que ofrece; mientras que existen países europeos que no determinan un consumo máximo de colesterol diétetico dentro de sus guías alimentarias, si no sólo de grasas saturadas y grasas transgénicas, que han mostrado ser más determinantes en los valores de colesterol sanguíneo. (VER PARTE 1 DE ESTE ARTICULO).

Luego de los años 60, en que el tema empezó a crear controversia, se han reportado estudios que mostraron que el colesterol dietético aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular; otros han mostrado que el colesterol dietético no produce efecto; y otros tantos que hasta disminuye el riesgo cardiovascular. Pero de lo único que escuchamos en medios masivos es lo que nos dicen los estudios dentro del primer grupo, lo que nos lleva a accesar y difundir mitos en torno al tema con poca probabilidad de encontrar una verdad completa dentro de lo conocido por la ciencia.

Sin embargo, cuando analizamos de manera crítica la data podemos ver que el riesgo cardiovascular y el consumo de colesterol pueden ser variables asociadas, pero que necesariamente la segunda no causa la primera; ya que hay muchos factores de la dietética que han mostrado aumentar el riesgo cardiovascular y que traen consigo, más consumo de colesterol dietético.  Stampfer et. al. 1999, mostró que una combinación de consumo elevado de grasas saturadas y porcentaje total de kilocalorías provenientes de grasas se relaciona con riesgo cardiovascular, lo cual puede traer consigo mayor consumo de colesterol. Por otro lado, Sreppel, et. al. 2008 mostró que mayor consumo de fibras y proteínas animales disminuye el riesgo cardiovascular, que trae consigo un menor consumo de colesterol; dejando en duda si el consumo menor de colesterol trajo consigo un riesgo cardiovascular disminuido.

Los estudios que arrojaron relación positiva entre el colesterol dietético y el riesgo cardiovascular, no evaluaron estas variables de manera aislada y mucho menos como cada una de ellas afecta el resultado, por lo que no aportan mucho para saber si el poco o alto riesgo se debe a una variable de manera única, a todas en sinergia, o a otras distantes al colesterol dietético per se.

Otra limitante en muchas de estas investigaciones es la falta o poco seguimiento sistémico en el tiempo de los individuos estudiados, por lo que no se registró las fluctuaciones de los  hábitos  alimentarios y cómo los cambios en la dieta y el estilo de vida en el mediano a largo plazo pueden aumentar o disminuir el riesgo cardiovascular, más allá del consumo de colesterol como única variable.

Algunas investigaciones en general sometieron a los individuos a un consumo de colesterol por encima del promedio de la población americana, siendo éste ultimo entre 240 a 350 mg por día; vs. dosis de 500 a 1400 mg por día suministrados a los participantes. Aunque la experimentación científica busca someter a dosis muy altas para ver sus posibles efectos a la salud, si los resultados arrojan efectos negativos, no pueden ser extrapolados a poblaciones con consumo igual o ligeramente mayor al promedio registrado.

Aparte de todo lo anterior, falta mucha más evidencia sobre los efectos del colesterol dietético en enfermedad cardíaca en subgrupos poblacionales más específicos, como grupos de distintos rangos de edades, etnicidad, y estilo de vida; encajando dentro de este grupo a personas que hacen actividad física, tomando en cuenta que los requerimientos de colesterol dietético en este grupo pueden ser mayores.

Por otro lado, se ha investigado la relación entre el riesgo de enfermedad cardiovascular y los niveles de colesterol en sangre; mostrando en muchas investigaciones una relación inversamente proporcional:

  • Un estudio de seguimiento por 10 años a 57 mil hombres y mujeres noruegos con edades entre 20 y 74 años encontró que los niveles de colesterol moderadamente alto disminuye la mortalidad por cualquier causa tanto en hombres como mujeres,  e incluso es cardioprotector, en el caso de las mujeres.
  • Compartiendo un ejemplo en análisis estadístico, la American Heart Journal revisó en 2007 más de 230 mil ingresos hospitalarios por enfermedad cardiovascular hechos entre 2000 y 2006 en más de 500 centros de salud. El 75% de los pacientes ingresados debido a enfermedades cardiovasculares, poseía niveles de LDL bajo (mal llamado colesterol “malo”) o por debajo de lo que se considera como alto; lo que nos lleva a descartar una asociación de causa directa y/o lineal entre el colesterol LDL y riesgo cardiovascular.
  • El Journal de Fallo Cardíaco en 2002 encontró en un estudio mejores índices de supervivencia y pronóstico de salud en pacientes con niveles de colesterol alto que ya tenían condición de fallo cardíaco en comparación con aquellos con daño cardíaco que tenían colesterol bajo.
  • La Universidad de California en 2007 dirigidos por Bero et. al. analizó ensayos clínicos sobre estatinas, financiados y no financiados por farmacéuticas. Las estatinas son un conocido fármaco usado en la práctica médica para reducir los niveles de colesterol en sangre.

Este encontró que los ensayos financiados por farmacéuticas tenían 35 veces más probabilidad de llevar metodologías de investigación pseudocientíficas, que tergiversaron los resultados y conclusiones. Lo que nos lleva a cuestionar si realmente la información que recibimos sobre los efectos de las estatinas en la salud cardíaca y general es falsa o sesgada.

MENSAJE FINAL

  • Reducir el consumo de colesterol por debajo del consumo promedio (240 a 350 mg por día en la población americana) para disminuir la probabilidad de contraer enfermedad cardíaca en pacientes sanos o que no presentan alto riesgo, es una recomendación que no está apoyada de manera clara por la evidencia científica.
  • No se ha comprobado asociación lineal entre el consumo de colesterol dietético y riesgo cardiovascular. La evidencia que ha reflejado cierta asociación directa lo ha hecho en función a un consumo de colesterol de más de 500 mg por día. Falta más evidencia sobre los efectos de un consumo entre 300 a 500 mg por día en la salud cardiovascular para llegar a conclusiones más certeras y aplicables a la mayoría de los individuos.
  • No hay evidencia completa que sugiere que niveles un poco más altos a los valores sugeridos de colesterol sanguíneo conlleven a riesgo cardiovascular en individuos sanos. La evidencia que sugiere un posible riesgo, se ha encontrado en individuos con niveles de colesterol total en sangre por encima de 280 mg por decilitro de sangre, y no de 200 mg como nos ha querido dejar ver la comunidad médica influenciada por las farmacéuticas.
  • Se necesita más evidencia contundente sobre los efectos de los niveles de colesterol sanguíneo en personas con historial de fallo cardíaco. La evidencia hasta la fecha no ha podido encontrar una asociación directa entre niveles bajos de colesterol sanguíneo con mejor pronóstico cardiovascular.

REFERENCIAS


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